La nueva de Tarantino

Tarantino es un tipo que divide aguas. Quienes lo aman, amarán hasta sus trabajos más flojos y perdonarán cualquier traspié; quienes lo aborrecen difícilmente disfruten alguna de sus películas. Y Los ocho más odiados es una de ellas, sin dudas. Con un guión abultado, repleto de ironías y bajadas de línea, con la cuota de sangre habitual y un poco más, y una historia sencilla que importa bastante menos que el pulso con el que se relata.

El predominio de la forma sobre el contenido es uno de los axiomas del cine de Tarantino. Cualquier espectador podría identificar cualquiera de sus películas con sólo un par de planos. L8MO no es la excepción, desde la secuencia inicial al ritmo de Ennio Morricone hasta el último fotograma.

Se trata de otro western -como Django sin cadenas– ambientado unos años después de la guerra de secesión norteamericana. Una tormenta de nieve obliga varios personajes -todos, por diferentes razones, detestables- a pasar unos días bajo el mismo techo. Desconfianza y tensiones raciales generan el clima ideal para que todo se desmadre y termine en una carnicería.

Si los siempre correctos Kurt Russell, Tim Roth, Demian Bichir, Bruce Dern y Michael Madsen cumplen, me gustaría llamar la atención sobre los restantes odiosos: Walton Goggins, Jennifer Jason Leigh y Samuel L. Jackson.

Los únicos protagónicos de Goggins fueron cintas de calidad dudosa o para televisión. Es uno de esos actores de reparto que vimos varias veces pero no podemos decir exactamente dónde. La rompe como Chris Mannix, el poco despierto hijo de un rebelde confederado que aún después de la guerra sigue matando negros.

Jennifer Jason Leigh interpreta Daisy Domergue, el que probablemente sea el mejor papel de su carrera. Domergue es una asesina a sangre fría que fue detenida por el cazarecompensas que interpreta Kurt Russel. Esta siendo trasladada para pasar por el patíbulo y con el correr de los minutos entenderemos porqué se lo está tomando con tanta tranquilidad.

#OscarsSoWhite fue la reacción de la comunidad afroamericana yanqui ante la ausencia de nominados de color a los premios de la Academia. Esto significa que, para quienes votan por las candidaturas, en 365 días no hubo ningún actor, guionista o director negro cuyo trabajo valiese tanto como para estar en la élite del cine mundial.

Samuel L. Jackson rompe esa presunción con su Major Marquis Warren, convertido en cazarecompensas luego de ser expulsado del ejército de la Unión por sus excesos, y responsable de algunos de los mejores minutos: el relato de su encuentro con el hijo del personaje de Dern.

Warren es el opuesto absoluto de Stephen, ese esclavo leal, una suerte de kapo en las plantaciones del sur estadounidense que muere a manos de Django, en una de las escenas más reconfortantes que Tarantino nos supo dar.

Una mención especial merece Channing Tatum, a quien siempre miramos de reojo por alguna de las comedias románticas que protagonizó. Lo cierto es que desde 21 Jump street demostró que está para más que almibaradas novelitas.

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