Una remake no declarada: Self/less y Seconds

La trama de Self/less es llamativamente parecida a la de Seconds, la película de 1966 dirigida por John Frankheimer en la cual Arthur Hamilton (John Randolph) harto de estar harto, frustrado por la vida que lleva y por su trabajo, decide cambiar su suerte para siempre. ¿Cómo? Recurriendo a una empresa que funciona en la clandestinidad y que se encarga -por un paquete de plata- de brindar una nueva vida mediante cirugías estéticas y el papeleo necesario para que la vieja identidad desaparezca.

Plan diabólico -así se la conoció en español- es una de las mejores películas de Frankheimer y resulta bastante raro que a nadie se le haya ocurrido filmar una remake en esta época de ideas flacas. Ahora llega esta suerte de homenaje simbólico -porque no se la menciona en ningún momento, ni al libro de David Ely en el cual está basada- plagado de similitudes, pero de una calidad notablemente inferior.

El problema del bueno de Arthur, una vez operado, es que no se adapta a su nuevo yo, un artista que vive en una mansión junto al mar al que no le falta aparentemente nada. Incluso conoce a una mujer hermosa y comienza una relación. Pero una noche de mucho alcohol colapsa y descubre que su nueva novia y sus nuevos amigos son extras, nada es real.

A esta altura las similitudes se amontonan como spam y el colmo llega cuando le ofrecen probar con otra vida para ver si lo satisface, tal y como hace el desaprovechado Mathew Goode con Damian (el personaje interpretado por Ryan Reynolds) en la cinta del indio Tarsem Singh.

El guión de los hermanos David y Alex Pastor es mucho menos verosímil que el de la década del sesenta: un millonario (Ben Kingsley) está a punto de morir y llega por una recomendación anónima a una empresa que le ofrece traspasar su conciencia a un cuerpo más joven (Ryan Reynolds). Por supuesto, estamos en pleno Siglo XXI y es mucho más fácil cambiar de envase que rejuvenecer uno viejo. No hay cirujías, sino cambio de cuerpos a través de máquinas súper sofisticadas.

Pero este tipo, que de filántropo no tiene nada y que se rige por la ley del dinero, descubre que en realidad han colocado su mente en el cuerpo de un ex marine con mujer e hija y -como sidurante la operación también le hubiesen insertado una dosis de moralidad- se siente mal.

De repente todo lo bueno de desvanece y nos queda Ryan Reynolds. Lo que amagaba con ser un interesante thriller se convierte en una película de acción ordinaria en la que un tipo intenta salvar a madre e hija de un grupo de asesinos.

¿Por qué la trama está subexplotada? Tenemos una organización secreta que compra los cuerpos de personas aún con vida para venderlos a multimillonarios a punto de morir, expropiando aquello que permanecía como lo único sagrado, aquello que no podía ser despojado. Y hay más, este marine vende su cuerpo para que su hija pueda recibir un tratamiento médico por una enfermedad nunca mencionada. Dos puntos de partida para trazar un guión mucho más interesante.

Allí donde se diferencia del trabajo de Frankenheimer, está expectante la chance de Self/less de convertirse en una buena película. Sin embargo, los hermanos Pastor (que con Carriers y Los últimos días habían demostrado menos pereza intelectual) eligen el camino fácil: el de los tiros y las explosiones.

En Plan diabólico, Arthur, apesadumbrado después de la operación intenta descifrar que salió mal. No quiere saber cuales fueron los errores de su transformación, sino que fue lo que falló en su vida previa, en su vida aunténtica. Entonces decide visitar a su viuda fingiendo ser un amigo, y se encuentra con una dura retrospectiva de su vida.

Vivimos nuestra vida en una amigable tregua célibe. Arthur llevaba muerto mucho tiempo antes de que encuentren su cuerpo en ese cuarto de hotel. No lo pude evitar. Debía descifrar donde me había equivocado, los años que había pasado, tratando de obtener todas las cosas que me habían dicho que eran importantes, que supuestamente yo deseaba… Cosas! No personas, o significados, simplemente cosas.

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