El hermano equivocado

w-josh-brolin“W.” no es la mejor película de Oliver Stone. El responsable de llevar a la pantalla grande un costado más íntimo de las presidencias de Richard Nixon y John Fitzgerald Kennedy a comienzos de los 90, no logra con este retrato de Bush junior como lo hizo con las historias de los dos presidentes mencionados. Quizá, el problema sea que ha pasado menos de un año desde el fin de mandato del peor jefe de estado en la historia de los Estados Unidos, y aún están frescas en nuestras memorias sus andanzas.

O sea, todavía recordamos lo errores cometidos por Bush, entonces nos encontramos en la pantalla con situaciones que hemos visto hace pocos años en los medios. Lo que falta es la distancia necesaria para analizar y estudiar con la mayor objetividad posible cada uno de las acciones del ex presidente.

Aunque quizá la intención de Stone no sea esa, digo, analizar la presidencia Bush, sino simplemente examinarla, observarla como un relator omnipresente, agregando una pequeña dosis de información personal.

El problema es que hay poco y nada nuevo. Salvo, para quien les habla, en cuanto a la relación padre-hijo. Bush senior está orgulloso de su hijo Jeb, mientras que su homónimo es poco menos que la vergüenza de la familia con sus juergas y descontrol.

Por lo tanto, George parece estar toda su vida luchando para que su padre esté orgulloso de él, lo que, de acuerdo a lo planteado por Stone, nunca logrará. Bush jr. es de alguna manera el `hermano equivocado´. Ese camino recorrido por él, su padre lo había trabajo para su hermano.

A pesar de todo esto, “W.” tiene cosas interesantes. En primer lugar, en el marco de un gran elenco, la gran representación de Josh Brolin, actor que tuvo incontables participaciones secundarias hasta su trabajo en “No country for old men”, película que de alguna manera le dio un nuevo comienzo a su carrera. Brolin parece haber estudiado uno por uno los gestos del ex presidente norteamericano, y los reproduce con matearía. Cada uno de esos tics que tanto material han dado a caricaturistas.

Otro punto para destacar son las reuniones de gabinete, en las cuales quedan claras las posiciones de cada uno de sus miembros con respecto a la invasión a Irak. La intención de crear un nuevo `imperio´ del vicepresidente Dick Cheney, y la posición menos belicosa de Colin Powell.

Pero es Karl Rove quien más nos llama la atención. Porque no está sentado en la mesa con ministros y secretarios, sino que permanece sentado detrás de ellos, a un costado, en las sobras, es una especie de titiritero. Sin embargo, teniendo en cuenta lo que es y lo que hizo Rove, Stone lo hace parecer un nene de pecho, una persona influyente, que incluso le enseña a hablar `políticamente´ a Bush, pero lejos del poder que realmente detenta una persona que llegó a ser llamada el co-presidente.

Dicho lo anterior, vale aclarar que “W.” no debe ser una película para dejar pasar de largo, todo lo contrario, porque aunque deficiente, nos muestra a través de un relato ficcionado algo de lo que pasó durante la era Bush y no estuvo en los medios. Lo que no logra responder es, ¿Por qué?, ¿cómo llegamos a eso?.

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